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Jero Calle - Educador canino y técnico en IAA

Jero Calle

La vida de Lou y todas las circunstancias que la rodean siempre han sido un poco especiales. Todo ha transcurrido en su vida como si estuviera predestinada para que las cosas ocurrieran sin más para llegar a un fin.

Lou es una perrita de Raza Jack Russell Terrier, muy activa y con unas ganas tremendas de colaborar. Ella por no es un perro seleccionado para que cumpliera todas las características que normalmente se buscan con la selección del cachorro para futuro perro de IAA.

Cuando se busca un perro con el que en un futuro se vaya a dedicar a las IAA se busca un perro con un temperamento calmado sobre el que poder construir, a base de una socialización y entrenamiento adecuados, un carácter sociable.

También debe ser un perro con un cierto grado de inteligencia”, que haga que el duro proceso de formación del perro de IAA sea más sencillo.

Lou

Lou

La vida de Lou o, como llegar a ser un perro de terapia sin pretenderlo.

Lou llego a casa debido a las ganas que yo tenía de tener un perro con una actitud y predisposición al trabajo buenas, ya que hasta ese momento compartíamos familia y hogar con Turko, un precioso mestizo de Gran Danés y Braco adoptado, de pelo negro brillante y unas medidas XXL, que hasta el momento había sido mi compañero de fatigas en el mundo del adiestramiento canino en el que me había adentrado ya hace unos años, pero esa es otra historia.

Turko no es un perro que tenga una predisposición adecuada para el trabajo, su capacidad de trabajo, su gestión del estrés y la frustración que en muchas ocasiones son inherentes al adiestramiento no eran su punto fuerte, así que me decidí a abrir la puerta de mi casa a un nuevo compañero de vida, con el que pudiera compartir una de mis pasiones, el adiestramiento y que además esta actividad fuera placentera para él y para mí.

Así que lo primero que había que hacer era decidir que raza seleccionar.

En aquel momento yo no estaba pensando formar un perro de IAA, por lo que lo primero que se me vino a la mente fue seleccionar un perro de una de las razas de trabajo más habituales, un Borde Collie, un Pastor belga, etc., pero las circunstancias no eran las más adecuadas para incorporar a la familia un perro de ese tamaño y esas características.

Entonces pensé que un Jack Russell Terrier sería una opción estupenda.

Un perro grande, en un cuerpo pequeño.

Estaba decidido.

Tras un tiempo buscando camadas de Jack Russell entre criadores responsables sin los resultados esperados, contacte con alguien que casualmente sabia de una camada de Jack Russell.

Nos dieron un teléfono y una dirección y allá que nos fuimos toda la familia. Error, ir con mis hijas a ver una camada de adorables cachorritos, que además querían entregar ya.

Mi proceso de selección estaba a punto de irse al traste. No sé ni cómo, pero esa misma tarde Lou estaba en casa.

Bueno, aunque no había existido el proceso de selección del cachorro aún me quedaban mis conocimientos sobre educación canina para poder encarrilar cualquier situación adversa que se nos presentase.

Esta precipitada decisión me atormento durante un tiempo, ya que sabía que no había hecho las cosas bien. Pero ya estaba hecho y Lou en casa, así que pensé que lamentarse no servía de nada y lo único que debía hacer era trabajar por el bien del cachorro y darle cariño, y así lo hice.

Un tiempo más tarde, pasadas las etapas de cachorro de Lou, empecé a trabajar con Alicia De La Calle en su centro canino Adiestralo.com.

En un principio no entraba dentro de mis planes trabajar con Lou como perro de IAA, como ya comenté, pero poco a poco me fui formando de la mano de Alicia como Técnico y fui participando en las algunas de las múltiples sesiones de terapia y actividades con perros que impartimos en los diferentes centros para los que trabajamos, hasta que puede empezar a trabajar con Remi y Odrid, los maravillosos perros de Alicia.

Ellos son unos expertos, acumulan muchas horas de trabajo a lo largo de su vida y fueron unos maestros inmejorables. Un día Alicia me propuso formar a Lou como perro de terapia y aunque me pareció un reto muy apetecible, no estaba seguro de su idoneidad, pero Ali depositó su confianza, su sabiduría y su trabajo en nosotros y nos lanzamos a una nueva aventura.

Tras semanas de trabajo diario bien dosificado, pudimos empezar a introducir a Lou en algunas sesiones que fueran cómodas para ella y que pudiera tolerar sin estresarse y de forma muy muy agradable. Siempre muy atentos a los cambios que observábamos en Lou.

Dado que ya estaba adquiriendo, gracias al entrenamiento específico algunas de las habilidades necesarias para realizar las actividades que realizamos, comenzamos a pedirle que participase de forma activa en las actividades.

Lou es un perro que, debido a su tamaño, se puede sentir inseguro en algunas situaciones y en las sesiones se dan situaciones difíciles para cualquier perro, mucho más para un perro de 5 kilogramos y 25 centímetros a la cruz y, aunque procuramos tener todo bajo control, siempre hay algo que se te puede escapar.

Por ejemplo, el simple hecho de que 3 personas desconocidas rodeen a un perro tan pequeño como Lou y lo acaricien o cepillen mientras el perro permanece quieto puede ser algo difícil de llevar sin estrés.

Lo inevitable comenzó a ocurrir, en alguna de esas situaciones Lou se agobió y pronto observamos los primeros síntomas de que no se sentía cómoda en determinadas situaciones. Pero somos expertos y podemos salvar este tipo de situaciones y revertirlas haciendo que todo el proceso y el trabajo sea agradable para el perro.

Así que actuamos. Dosificamos el trabajo en su justa medida dándole plena libertad al perro para dejar de trabajar en cualquier momento antes de que el estrés llegase, trabajando solo cuando el trabajo era agradable para ella, dándole tiempo y… e volilà!!, la magia poco a poco se hizo.

Lou empezó a disfrutar de las situaciones que hacía poco le empezaban a incomodaban, se prestaba con gusto para que tres personas o más la rodeasen y la acariciasen. Empezó a trabajar con disposición y entrega y disfrutaba de cada minuto de la sesión.

Gracias a la detección de las señales que Lou nos había dado, indicando que su relación con el trabajo no estaba siendo todo lo placentera que debiera y nuestra rápida intervención.

Por otro lado el trabajo de las habilidades caninas necesarias comenzaba a dar sus frutos, ya que el perro de terapia no solo debe tener habilidades sociales, también debe adquirir otras habilidades que le permitan realizar ejercicios que le pedimos durante las sesiones, por ejemplo, portar objetos y entregarlos a los usuarios, posicionarse de forma correcta en cada situación, meter objetos dentro de un contenedor, sacarlos, meter aros en un cono… y algunas habilidades más.

Ahora todos los usuarios con los que trabajamos adoran a Lou y Lou a ellos. Estamos preparados, hemos trabajado duro y lo hemos conseguido.

Haber seleccionado un cachorro para este trabajo hubiera simplificado bastante un proceso que ya de por si requiere mucho trabajo y dedicación, pero he decir que no cambiaría nada de mi historia con Lou, ya que las complicaciones que nos han surgido durante el proceso nos han proporcionado a ambos un aprendizaje que de otra forma no se hubiera dado.

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