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Guillermo García - Psicólogo Etólogo, Experto y técnico en IAA

Guillermo García

Mi historia en el mundo del perro comenzó en la universidad. La carrera de psicología fue la que me inspiró en el aprendizaje animal, la conducta y las distintas maneras que tenemos de establecer, mantener y eliminar comportamientos.

El primer animal con el que entrené fue una rata. Tenía que hacerle entender que si presionaba una palanca obtenía un premio, si pasaba por el lado derecho de un laberinto conseguiría su recompensa, y otras pruebas de los más variadas.

Fue entonces cuando me di cuenta que podía ayudar a mi perro, un pastor alemán de 8 años con problemas de comportamiento.

Lima

Lima

Decidí realizar un curso de adiestramiento base y comencé a entender sobre el comportamiento. Entendiendo el lenguaje canino, aplicando los principios del aprendizaje y con un par de meses, conseguí juntar a mi perro con otros miembros de su especie, algo impensable en aquel momento.

En el instante en el que vi a mi perro caminar junto a un mestizo de dogo argentino de 40 kg decidí dedicarme al mundo del perro.

Mientras estudiaba psicología realicé diferentes cursos sobre el comportamiento del perro, me compré un montón de libros y decidí seguir con mi aprendizaje en el extranjero (desde mi punto de vista, en España seguimos un poco atrasados en el mundo canino).

Para poder estudiar en el extranjero, me exigían haber realizado prácticas con animales. Ahí empezó mi experiencia con otro tipo de animales, mis etapas en Faunia y el Zoo Aquarium de Madrid.

Al año siguiente ya estaba estudiando en el extranjero, concretamente en Inglaterra, país del que tenemos mucho que aprender, por toda la ventaja que nos llevan.

Allí ayudamos a perros de protectora, hicimos varias visitas a centros de protección animal, trabajamos en laboratorios (entornos controlados) y en la calle, etc.

Cuando volví a España yo quería relacionar lo que había estudiado, psicología con lo que realmente me gustaba, los perros, por lo que decidí realizar un curso que tenia en mente desde hacía mucho tiempo, las terapias asistidas por animales.

En ese momento, recibí la llamada de Adiéstralo. Lo concebí como una oportunidad fantástica para dedicarme a lo que estaba buscando, pero necesitaba algo que no tenía: mi compañera de terapias, mi actual perra Lima.

Hasta entonces yo solo disponía de la compañía de mi perra Roma de 5 años, una pastora alemán.

Roma es una perra muy tranquila, juguetona, sociable con otros perros (insegura en las presentaciones), no tiene problemas con las personas y con una predisposición al trabajo portentosa, pero no podía ser una perra de terapia.

Por lo que, esta aparente contradicción nos lleva a preguntarnos,¿cuáles son las características que debe tener un perro de terapia? ¿ por qué Roma no vale para la terapia?

Para responder a las anteriores preguntas debemos tratar  las características físicas y las aptitudes.

Roma es un pastor alemán, un perro con unas características físicas fuertes, las orejas hacia arriba, los colores marrón y negro, una morfología parecida a la del lobo y con una enfermedad crónica en el intestino delgado.

En cuanto a las aptitudes, nos centramos en las diferentes sensibilidades del perro. Las sensibilidades de un perro se pueden definir como el grado de intensidad de percibir y responder ante un estímulo y podemos diferenciar entre la mental, corporal, auditiva, visual y olfativa.

Roma no es capaz de gestionar muchos cambios en el entorno, se encuentra incómoda (sensibilidad mental); su sensibilidad corporal es muy elevada, evita el contacto, no le gusta que la manipulen, algo que es esencial para un perro de terapia.

Debido a su enfermedad, su capacidad de gestión de los entornos y su evitación al contacto físico quedó descartada.

La búsqueda de un perro de terapia me llevo a encontrar a Lima, una Golden retriever de año y medio blanca como la nieve.

Estaba buscando adoptar a una perrita de aproximadamente un año ya que de haber sido un cachorro, la apreciación de sus aptitudes y de su carácter habría sido mas incierta.

El primer contacto con Lima ya me proporcionó muchos detalles de sus aptitudes: el encuentro tuvo lugar al lado de una estación de RENFE, en la que había ruidos fuertes, tránsito de personas, coches, etc.

Lima convivía con 3 gatos y con otro perro, además en el primer encuentro tuvo que interaccionar con dos perros hasta entonces desconocidos.

Rápidamente creó un vinculo rápido con nosotros (desconocidos), es una perra que le encanta que la acaricien, ella exige las caricias, es muy tranquila, tierna y explosiva en el campo.

Sus aptitudes y sus características físicas eran la definición perfecta de un perro de terapia, por lo decidí adoptarla.

Empezaba una nueva etapa en la que todos los miembros de la familia, teníamos que adaptarnos a esta nueva situación.

Lima se tenía que acostumbrar a un nuevo entorno, a nuevos compañeros de piso, a una nueva vida.

La adaptación fue lenta pero progresiva, empezamos el entrenamiento, en su vida solo le habían pedido la pata y que se sentara, pero con paciencia y tiempo ahora es una profesional.

Vive adaptada en su nuevo hogar siendo una perra de terapia en mayúsculas.

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